
Más allá del delivery: el desafío de integrar drones a la logística de última milla
La promesa de un reparto masivo mediante drones suele acaparar los titulares tecnológicos, pero choca contra una realidad ineludible en el terreno de la última milla. Lejos de reemplazar a los vehículos tradicionales, el verdadero desafío actual no es demostrar que una aeronave puede volar, sino integrarla con eficiencia, seguridad y sustentabilidad a una red de suministro real. Desde los nuevos marcos regulatorios hasta la experiencia en el terreno, las claves para pasar de la experimentación a la operación logística.
Por Hernán Disanto, codirector de Desarrollo y Capacitaciones en ARLOG.
Durante años, hablar de drones aplicados al transporte de mercancías parecía pertenecer más al terreno de la innovación tecnológica que al de la logística cotidiana. Imágenes de aeronaves no tripuladas trasladando pequeños paquetes podían despertar interés, pero todavía quedaba una distancia considerable entre esa posibilidad y una operación integrada a una red de distribución.
La evolución tecnológica, sumada a nuevos marcos regulatorios y a la experiencia acumulada mediante pruebas experimentales, permite empezar a formular una pregunta diferente: ¿en qué operaciones concretas los drones pueden aportar valor a la logística de última milla?
La pregunta es importante porque probablemente el futuro no pase por reemplazar los vehículos tradicionales de distribución, sino por incorporar un nuevo modo de transporte dentro de redes logísticas cada vez más diversificadas.
La distribución urbana concentra algunos de los mayores desafíos de la cadena de suministro.Congestión, restricciones de circulación, tiempos de entrega cada vez más exigentes, necesidad de trazabilidad, crecimiento del comercio electrónico y demanda de entregas urgentes obligan a revisar permanentemente los modelos tradicionales, pero no todos los envíos tienen las mismas características.
Una entrega de bajo peso y alta urgencia puede tener un valor logístico muy diferente al de una operación de distribución masiva. Un medicamento, un repuesto crítico, un insumo médico o una mercadería que necesita llegar rápidamente a un determinado punto pueden justificar soluciones distintas de las utilizadas para una distribución convencional. Es precisamente en esos nichos donde el transporte aéreo mediante aeronaves no tripuladas puede encontrar algunas de sus primeras aplicaciones. El verdadero desafío es pensar al drone como un componente más de una red logística multimodal.
Del drone como tecnología al drone como operación
El cambio conceptual es relevante. La pregunta ya no debería ser solamente si un drone puede transportar una carga desde un punto A hasta un punto B. La verdadera pregunta logística es si puede hacerlo formando parte de un proceso completo.
Eso implica considerar qué sucede antes y después del vuelo:
- ¿Cómo se prepara el pedido?
- ¿Dónde se consolida?
- ¿Cómo se realiza la carga?
- ¿Quién controla la operación?
- ¿Qué ocurre si las condiciones meteorológicas cambian?
- ¿Cómo se gestiona una contingencia?
- ¿Cómo se garantiza la trazabilidad? etc
Como primer y gran referente de la actividad de instrucción, experimentación e implementación de esta tecnología, la experiencia desarrollada en Argentina por Drones VIP resulta interesante precisamente porque se ha concentrado durante años no solamente en la tecnología, sino también en la experimentación, la evaluación de operaciones, el desarrollo de procedimientos y la interacción con las autoridades correspondientes. Ese aspecto es uno de los factores más importantes para que una tecnología emergente pueda convertirse algún día en una solución logística.
Experimentar antes de escalar
En agosto de 2026, la Ciudad de Buenos Aires estableció un procedimiento específico para la realización de pruebas experimentales con RPA/RPAS dentro de su jurisdicción. El nuevo marco contempla requisitos para estas operaciones y reconoce, entre otros conceptos, las operaciones BVLOS (Beyond Visual Line of Sight), en las cuales el piloto no mantiene contacto visual directo con la aeronave.
Las pruebas requieren autorizaciones y coordinación con los organismos correspondientes, además de desarrollarse bajo las áreas, días, horarios y condiciones meteorológicas aprobadas. También se contempla la participación de personal certificado, documentación específica, seguros y coordinación con el sistema de navegación aérea.
Esto marca una diferencia sustancial respecto de la imagen simplificada de un drone realizando una entrega. La operación logística aérea exige procedimientos, planificación, comunicación, gestión de riesgos y capacidad de respuesta ante situaciones no previstas.
Una prueba experimental permite obtener información sobre aspectos que difícilmente pueden conocerse solamente mediante simulaciones: confiabilidad de los sistemas, comunicaciones, comportamiento de la aeronave, etc. Por eso, la experimentación constituye una etapa fundamental. El objetivo no debería ser demostrar que los drones son la solución para todo. Ese conocimiento es el que permite pasar de una innovación tecnológica a una decisión logística.
¿Qué debería medir una empresa?
Si los drones comienzan a incorporarse a las conversaciones sobre última milla, también deberían cambiar las preguntas con las que se evalúa una operación. No alcanza con conocer la autonomía de vuelo o la capacidad de carga. Una evaluación desde la perspectiva logística debería incorporar indicadores como:
- Tiempo total de entrega.
- Costo por envío.
- Costo por kilogramo transportado.
- Porcentaje de entregas exitosas, entre otros
De esta manera, la discusión deja de ser exclusivamente tecnológica y pasa a ubicarse donde corresponde: en el desempeño de la cadena de suministro.
No se trata de reemplazar al transporte terrestre
Uno de los errores más frecuentes al analizar nuevas tecnologías de transporte es plantearlas como sustitutos absolutos de las soluciones existentes. Es poco probable que los drones reemplacen de manera generalizada a los vehículos utilizados actualmente para la distribución urbana. Una red logística del futuro podría combinar centros de distribución, vehículos eléctricos, motocicletas, bicicletas de carga, lockers, puntos de consolidación y aeronaves no tripuladas, utilizando cada alternativa allí donde resulte más eficiente.
La nueva etapa regulatoria en Buenos Aires tampoco significa que exista ya un servicio masivo de distribución de mercancías mediante drones. El marco establecido permite realizar pruebas experimentales bajo condiciones determinadas. Y ese punto es fundamental: el objetivo de esta etapa es generar evidencia para evaluar la viabilidad futura de nuevas modalidades de transporte.
DronesVIP forma parte de ese recorrido experimental en Argentina, desarrollando pruebas, demostraciones y procedimientos y trabajando sobre la compleja interacción entre tecnología, operación y regulación.
Ese aprendizaje acumulado puede resultar tan importante como la evolución de las propias aeronaves. Porque las grandes transformaciones logísticas no suelen producirse cuando aparece una tecnología nueva, sino cuando esa tecnología consigue integrarse de manera confiable a una operación existente.
La pregunta relevante para la logística es : ¿Pueden los drones entregar valor? valor en tiempo, valor en servicio, valor económico, valor ambiental. Y, fundamentalmente, valor para una cadena de suministro que necesita ser cada vez más rápida, flexible, trazable y eficiente. La última milla del futuro quizás no tenga un único protagonista. Probablemente combine diferentes tecnologías y modos de transporte, seleccionados según las características de cada operación.
Los drones pueden ser uno de ellos. Pero para saber exactamente cuál será su lugar en la logística, primero habrá que hacer algo mucho más importante que imaginar el futuro: habrá que probarlo, medirlo y aprender a operarlo.


